Morosidad alta, cuotas extraordinarias que no paran, deudas con proveedores y cuentas que nadie explica. Sabemos exactamente cómo se siente — y sabemos cómo se sale. Con plan, con plazos y con resultados que puedes exigir.
Una comunidad no llega a la crisis de un día para otro. Llega después de meses de improvisación. Estas son las señales.
Cuando el gasto común no provisiona, cada imprevisto se cobra aparte. Eso no es mala suerte: es falta de planificación financiera.
Sin protocolo de cobranza, los que pagan terminan financiando a los que no — y el hoyo crece todos los meses.
Facturas impagas, respaldos perdidos, rendiciones que no llegan. La ley exige rendición mensual documentada al comité (art. 21, Ley 21.442).
No prometemos milagros: ejecutamos un plan que hemos aplicado antes, con hitos que el comité puede revisar semana a semana.
Días 0–10
Auditoría financiera y operativa. Mapa de riesgos. Prioridades claras y comunicadas al comité.
Días 11–40
Cobranza con protocolo, mantenciones críticas, orden documental, renegociación con proveedores.
Días 41–90
Gasto común ajustado y predecible, calendario de mantenciones activo, comunicación fluida con residentes.
Revisamos cuentas, contratos, deudas y morosidad. Todo documentado y explicado al comité en simple: qué pasó, cuánto es y cómo se sale.
Aviso temprano, gestión directa, convenios de pago y acciones de cobranza cuando corresponde — siempre dentro de la Ley 21.442.
Gasto común que provisiona y se anticipa, con fondo de reserva operativo (art. 39). Las emergencias dejan de ser cuotas extraordinarias.
Una comunidad no se arregla con parches: se arregla con orden financiero, cobranza seria y un plan que alguien ejecute. Eso hacemos, y es la consecuencia de más de 15 años administrando comunidades.
Mientras antes partamos, más rápido se ordena. Te contactamos en menos de 24 horas.
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